Categoría: NOTAS

Xeromelissa, imágenes inéditas y más.

Siempre hacemos énfasis en la gran diversidad de abejas nativas que tenemos en nuestro territorio y las muchas que faltan aún por descubrir y describir. Es así como recientemente, cuando se acababa febrero del presente año, se presentó al mundo a la Xeromelissa sororitatis, una nueva especie descrita por un equipo liderado por la investigadora chilena Patricia Henríquez Piskulich, del Instituto de Entomología de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.
Este valioso trabajo, publicado en la revista PeerJ, demuestra una vez más cómo la biodiversidad que tenemos en el país supera las malas prácticas que arrastramos como sociedad y pone en perspectiva el trabajo pendiente de investigación y conservación que tenemos por hacer.

Mini agregaciones de Xeromelissa en grietas de rocas, dormitorios.

La Xeromelissa sororitatis fue descubierta en la zona cordillerana de Farellones a través de trampas. Nosotros, sin embargo, como Fundación Abejas de Chile, llevamos años observándolas y evaluando diferentes aspectos, en terreno variables como asociación floral, nidificación, interacciones y otras características, de diferentes especies de Xeromelissa, tal como se aprecia en las fotografías inéditas que hoy publicamos, pues nuestro fuerte es y será el trabajo de campo, en terreno, el que se complementa y potencia con el trabajo académico y de laboratorio. Esta mancomunidad profesional es clave si queremos profundizar como país en la investigación y protección de nuestra biodiversidad y sus valiosos ecosistemas.

Xeromelissa emergiendo de su nido. Aunque utilizan diversas cavidades, dependiendo del ambiente.

Así como con la Xeromelissa sororitatis, durante las extensas investigaciones y expediciones que hemos hecho a lo largo del país, hemos descubierto otras especies también, siguiendo asociación floral, visitando durante largas jornadas estos lugares, encontrando así agregaciones, viendo periodos de vuelo, diversas nidificaciones, rangos de temperatura lugares clave donde se desarrollan estas especies en diversos ecosistemas, por ejemplo, información valiosa que esperamos publicar en el libro que tenemos pendiente. Sin embargo, iremos haciendo notas y abordando aspectos específicos en la web y RRSS.

El camino es extenso, duro pero maravilloso, y hay muchísimo aún por hacer.

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Chile, la pandemia de la investigación y las abejas.

La actual situación mundial de crisis frente a la pandemia del COVID-19 ha puesto de manifiesto las carencias de los diferentes países al momento de enfrentar esta situación. En el caso de Chile, carencia de herramientas legales, falta de decisión en el poder ejecutivo, ausencia de científicos en equipos de trabajo, débiles infraestructuras hospitalarias, por nombrar algunas.

La emergencia ha puesto a equipos de científicos de todo el mundo a trabajar en una vacuna, en estamentos públicos y privados. Si hay algo común entre quienes lideran estas investigaciones es que son, mayoritariamente, equipos en países que invierten consistentemente en innovación, investigación y desarrollo. Más de 30 tratamientos distintos que incluyen fármacos, una veintena de vacunas en vías de investigación y 82 ensayos clínicos están en marcha, son los datos que entrega la Federación Internacional de Fabricantes y Asociaciones Farmacéuticas.

Según datos de OCDE, Chile es uno de los que menos invierte en Investigación y Desarrollo (I+D) con sólo un 0,36%, una cifra preocupante considerando que Israel aporta un 4,2%, apostando a ser el centro tecnológico del mundo. Esto en la realidad significa que en Chile no hay dinero para mantener a los científicos, ni formarlos, ni proveerles los medios necesarios para desarrollar avances como una vacuna, como algo más que una piedra con cobre mal pagada en el extranjero. La ciencia en Chile vive de concursos anuales que financian proyectos de pequeña escala, sin mucho para masificar sus resultados ni integrarlo a sectores productivos. Los fondos de un concurso pueden ir, por ejemplo, entre 200.000 dólares a un millón. No tenemos en Chile una industria de la filantropía y es lógico. La mayoría de los súper ricos no viven en nuestro territorio y las mentes más brillantes son importadas por grandes potencias. Por otra lado, esto no menoscaba a nuestra comunidad científica. Todo lo contrario, lo que se hace en Chile es con demasiado esfuerzo, luchando contra los intereses e incentivos puestos en cualquier lado, menos en generar la base del conocimiento que nos daría el desarrollo como país. Esto implica que hoy la supervivencia a una epidemia peligrosa depende del resto del mundo.

El impacto que la pandemia del COVID-19 tendrá en Chile está por verse, pero desde ya se pueden sacar algunas conclusiones. Por ejemplo, el desafío de este y otros problemas que enfrentamos como humanidad, como el cambio global y la crisis de las abejas, plantean la necesidad de preguntarnos por qué como país no hemos definido nuevas políticas públicas y prioridades que, por un lado, incrementen la inversión del país en I+D+i, así como involucren y financien a equipos multidisciplinarios para multiplicar los enfoques técnicos y enfrentar correctamente estas situaciones. Además, esto ayudaría a enriquecer, en múltiples formas, al país. ¿Acaso debe, como todo cambio estructural del último tiempo, hacerse desde el clamor ciudadano? Creemos que debemos unirnos y exigir nuestra subsistencia y desarrollo a largo plazo. El camino es invertir hoy en conocimiento.

Como Fundación Abejas de Chile hemos sido fundados y operamos con el patrimonio de nuestro equipo. Sabemos que nuestro trabajo como consultores no es el corazón de nuestro esfuerzo por cuidar las abejas nativas y que los fondos públicos y la filantropía no son una opción al corto plazo. Es por eso que generamos conciencia y pedimos el apoyo de las personas que comparten nuestro interés. Hoy se nos ocurrió pedirte que adoptes una abejorro con una estrategia especial: estás en cuarentena, dejaste de salir. ¿Qué tal si le regalas dos viajes de tu BIP que hoy descansa? O dos pasajes en tu micro preferida entre Villa Alemana y Valparaíso, o un recorrido de ida y vuelta por Talca. O un pasaje interurbano por el sur. Desde $1.000 nos puedes ayudar. Estamos trabajando desde nuestras casas en preparar actividades de muy corto plazo, tenemos que seguir moviéndonos. No por nosotros, sino por las abejas. Te invitamos a reflexionar sobre nuestra voz pública en pedir cambios sociales así como a colaborar. Desde casa, con un aporte simbólico. Cárgale la BIP al Bombus Dahlbomii AQUÍ.

Cadeguala-albopilosa

¿Qué plantar para las abejas nativas?

Al ojo común no es tan obvia la relación, pero existe una sincronía fundamental entre la flora nativa y las abejas silvestres. Han pasado miles de años forjando esta relación de dependencia, en la cual han evolucionado para aprovecharse mutuamente. Las abejas se alimentan de la flora y estas últimas aprovechan del servicio de polinización de las abejas para la producción de semillas y frutos que, dado el vínculo con toda la cadena de seres vivos de un lugar, también son aprovechados como alimento.
La flora nativa se denomina así al estar presente de manera natural en un lugar. Es decir, lo nativo variará de acuerdo a la región geográfica en la que nos ubiquemos. Por esta misma razón, la flora nativa ha evolucionado y se ha vuelto más resistente a plagas, tipo de suelo, a los intensos eventos atmosféricos y, si está en el lugar adecuado, necesitará de poca atención para su cuidado.

adopta una abeja

Además de estas provechosas características, la flora nativa entrega más beneficios para los humanos, como la regulación térmica, algo muy importante con el aumento en la frecuencia e intensidad de las olas de calor por cambio climático, y agravada por las “islas de calor” generadas por el hormigón (caminos, carreteras, edificios, explanadas). También reduce la erosión en zonas de pendiente, ya que fija y enriquece el suelo. Son casi incuantificables los beneficios.

La muy aromática menta de árbol (Satureja gilliesii)

Algunos ejemplos de plantas nativas, para la ciudad de Santiago y alrededores, considerando jardín, azoteas y plazas:

– Brea (Tessaria absinthioides).
– Chilco (Fuchsia magellanica) arbusto.
– Arvejilla (Vicia magnifolia), trepadora semisombra.
– Menta de árbol (Satureja gilliesii), arbusto de zonas soleadas.

– Malva del Cerro (Sphaeralcea obtusiloba) suelos degradados y soleados.
Stachys sp.
– Coralillo (Lycium chilense), arbusto de zonas soleadas.
– Chupalla (Eryngium paniculatum) bandejones y perímetros.
– Ortigas nativas (Loasa tricolor, Loasa placei, Loasa triloba) ubicadas idealmente al costado de muros o zonas poco transitadas. Son fundamentales para muchas especies, por ejemplo, para abejas del género Caupolicana, siendo su fuente principal de recursos.
– Culén (Psoralea glandulosa), arbolito. Muy fácil de propagar.
– Calceolaria o capachitos (Calceolaria sp) herbáceas/subarbustos con varias especies, fundamentales para las abejas aceiteras, como las del género Chalepogenus o Centris.
Baccharis, género con varias especies, muy importantes para el forraje, tanto para inicios como finales de temporada.

Abeja nativa de Chile, del grupo de “abejas aceiteras”, Chalepogenus caeruleus (Apidae) forrajeando una flor de Calceolaria sp. Descansan, entre labores, dentro de la mismas flores, conocidas comúnmente como capachitos.
Capachito blanco (Calceolaria nitida)

Especies de mayor tamaño pueden ser:
– Mayú (Sophora macrocarpa). Arbolito, semisombra.
– Ñipa (Escallonia rubra). Arbusto, sol, riego moderado.
– Huañil (Proustia ilicifolia). Arbusto, zonas soleadas.
– Pucana (Proustia cuneifolia). Arbusto, zonas soleadas.
– Mitique (Podanthus mitique). Arbusto, semisombra.
– Adesmia, Espinillo (Adesmia confusa).
En general, se necesitan especies perennes (que no botan hojas) para ayudar disipar el ruido, absorber y fijar en parte la polución y ayudar a refrescar, sobre todo en la enorme e influyente “isla de calor” de Santiago:
– Maitén (Maytenus boaria).
– Quillay (Quillaja saponaria).
– Peumo (Cryptocarya alba).
– Belloto del Norte (Beilschmiedia miersii).
– Bollen (Kageneckia oblonga).
– Naranjillo (Citronella mucronata).
– Corontillo (Escallonia pulverulenta).
– Boldo (Peumus boldus).
– Patagua (Crinodendron patagua).
– Culén (Otholobium glandulosum).
– Molle (Schinus latifolius).
– Algarrobo (Prosopis chilensis).
En ciertos lugares, en el perímetro idealmente, los chaguales o puyas (Puya sp), alternando con cactus (Echinopsis sp o Eriosyce sp), algarrobos (Prosopis chilensis) o taras (Caesalpina spinosa), todos de bajo requerimiento hídrico.
Para los deslindes se pueden utilizar cercos vivos con los cruceros (Colletia hystrix y Colletia ulicina). Estos son muy importantes para diversas abejas nativas, muy aromáticos y espinosos.
En la orilla de la casa, escalones, se puede utilizar menta de árbol (Satureja gilliesii) y Coralillo (Lycium chilense) y una serie de herbáceas nativas como alstroemerias (Alstroemeria sp), añañucas (Phycella sp, Rodophiala sp).

Un macho haciendo lo suyo sobre Pteromonnina pterocarpa.

Nidos
A nivel general, la mayoría de las abejas nativas son solitarias y utilizan diversos sustratos para hacer sus nidos, principalmente en el suelo (arenoso o arcilloso), al menos un metro de profundidad, también en tallos (de la Puya, por ejemplo) o ramas y troncos en galerías abandonadas de coleópteros. Por ende, dejar sustratos y estos espacios intocables, es muy importante.

Apartado: Aguas Grises
Para maximizar nuestro impacto positivo en el día a día, regar con aguas grises (ducha, lavadora,) junto con la utilización de las azoteas con espacios y sistemas de fijación, para ir abonando con tierra de compost (compostaje de desechos orgánicos como cáscaras, hojas, generados por los habitantes del edificio) y así tener un excelente sustrato (tierra) para plantar flora nativa junto a huertos para autoconsumo.

Una visita de 12 años

Una investigación seria en torno a las abejas silvestres requiere de tiempo, paciencia y dedicación para obtener datos y sacar conclusiones. Este estilo es parte de la metodología que Pablo Vial utiliza, lo cual le ha llevado durante doce años a monitorear los mismos puntos, uno de estos, en una distante quebrada y zona en muy buen estado de conservación, donde se encuentran los remanentes del bosque primario (menos del 1%). Entre estas especies está la Diphaglossa gayi, probablemente ya en unos años en su límite geográfico, más septentrional, también, entre otras especies, el cada día más escaso Bombus dahlbomii, especie con la cual el observador común se tiende a confundir.

Las actuales condiciones de sequía y cambio climático están configurando un nuevo cuadro en el que la evidencia sobre estas especies muestra que van desapareciendo de estos lugares.

Diversas medidas de conservación y mitigación del impacto del ser humano se vuelven cada vez más necesarias. No nos aburriremos de insistir como Fundación Abejas de Chile en este importantísimo punto.

Lo que se aprecia en estas imágenes son unos machos Diphaglossa gayi intentando copular, mientras la hembra forrajea una Vicia magnifolia, uno de sus principales recursos en la zona central de Chile. Esta podría ser una de las poblaciones más septentrionales al día de hoy. Hasta el año 2018 aún presentes en Altos de Chicauma (RM).

Antiguamente, poblaciones de esta especie eran observadas desde Coquimbo a Chiloé, pero actualmente se han desplazado cada vez más a zonas meridionales, producto de la degradación de su hábitat.

Nativas, solitarias e incansables trabajadoras

Uno de los grandes mitos, con los que convivimos en Chile y en torno a las abejas, es que viven agrupadas en grandes cantidades en colmenas y produciendo miel. Un paradigma popular que nace de la proyección que tenemos del comportamiento de la Apis mellifera, abeja europea introducida en el país y que ha sido modeladora y masificadora de esta imagen. La realidad, sin embargo, es que las abejas nativas de Chile son mayormente solitarias y no producen miel. Su imagen y morfología también dista bastante de las abejas que generalmente vemos en representaciones de los medios.


Las abejas silvestres se distribuyen por todo el país y conviven en diferentes ecosistemas, generalmente frágiles, nidificando, por ejemplo, en el suelo, rocas, troncos y otros.
Este rasgo solitario de las abejas nativas se manifiesta en que realizan todas las labores de subsistencia por sí mismas, es decir, confeccionan el nido y sus galerías completamente, recolectan alimento (polen, néctar y aceite) que guardan en celdillas construidas de distintos materiales orgánicos y donde también depositan sus huevos.


Este ciclo completo culmina con la muerte de la abeja, pero dando inicio a un nuevo círculo de vida a través de su descendencia.

El Pase Verde que Chile necesita

Ya se fue el invierno y comienza la época en donde mucha gente sale a disfrutar de la vida al aire libre. Junto con esto, también hacen su aparición los incendios forestales, los microbasurales, accidentes, extraviados en reservas y parques nacionales, por ejemplo. Todas estas situaciones son el resultado de una precaria cultura de montaña y mar que tenemos hoy en Chile. Estos eventos, además, degradan rápida e intensamente nuestro patrimonio natural y servicios ecosistémicos, particularmente muchas zonas en donde habitan y se desarrollan nuestras abejas silvestres.

 

¿Qué necesitamos?

Requerimos un proyecto – país – de educación para el adecuado manejo de los visitantes a áreas naturales. Debemos apuntar a tener un impecable comportamiento en estas zonas para no dejar rastro, además del conocimiento y correcto manejo en zonas montañosas, mar, bosques, desierto y otros.

 

¿Cómo lo hacemos y qué proponemos?

Uno de los incentivos para capacitarse íntegramente y obtener el Pase Verde, serían descuentos en Áreas del SNASPE (Parques y Reservas Nacionales) y Áreas Protegidas Privadas, con sus respectivos permisos y/o facilidades de ingreso a personas acreditadas.

 

Actualmente esta iniciativa cuenta con el respaldo de municipalidades y de la Agrupación de Guardaparques de Áreas Silvestres Protegidas Privadas de Chile (AGASPP).

 

Extracto:

“La intensa degradación de las áreas naturales por parte de campistas, excursionistas y turistas que visitan el SNASPE, APP y áreas silvestres no protegidas, tomando como antecedente los incuantificables daños de dichas áreas por parte de los visitantes, acciones que van desde el pésimo manejo de basura (dispersan, entierran, queman), fuego (incendios, ramas y nichos de especies), contaminación de suelos y esteros (detergentes, pilas y otros), graffitis, corta de flora, caza y captura de fauna, heces, saqueo de sitios arqueológicos, hace urgente enseñar íntegramente, capacitar y acreditar a todo quienes visiten estas áreas de forma regular. A través de las respectivas municipalidades se realizan cursos integrados divididos en categorías (1 y 2) donde la mayor categoría permita incluso apoyar en labores de fiscalización (Ad honorem) en el lugar (caza, pesca, basura). Una vez cursado y aprobado este examen, se entrega el Pase Verde, el que además otorga descuentos en unidades del SNASPE, punto esencial como incentivo para su obtención, junto la facilidad de ingresar a predios privados.”

No olvidemos, además, que nuestros servicios ecosistémicos están comprometidos, en cantidad y calidad del agua, por ejemplo, polinizadores nativos, ciclo de nutrientes, reguladores térmicos, biodiversidad y otros. Necesitamos un ordenamiento y planificación territorial, profesionalizar a los Guardaparques y, a la vez, aumentar sus facultades y educar íntegramente a la ciudadanía.

Implementación de tecnología 

Para simplificar las labores de registro en Áreas Protegidas, el Pase Verde puede integrar un chip con los datos básicos (nombre, RUT, fecha nacimiento) permitiendo así registrarse fácilmente, tanto al ingreso como en la salida de la unidad. 

 

Importante reforzar que, anualmente, son millones de dólares lo que la degradación de los ecosistemas y servicios ambientales cuesta al Estado y personas. 

 

El Pase Verde es una inversión con incuantificables retornos ambientales y la seguridad de las personas. ¡Vamos que se puede!