Altos de Cantillana

¿Qué son y por qué necesitamos corredores biológicos?

Están invisibilizados, pero están ahí y son parte de un sistema amplio y complejo que sustenta nuestra vida. Generalmente hablamos de abejas nativas y su importancia, pero ellas son parte de una estructura más grande que comprende a todos los seres vivos e, incluso, a la geografía en la cual estamos situados. Es en estas estructuras donde los corredores biológicos alcanzan mucha importancia, pues son verdaderas carreteras vivas que permiten la generación de los llamados servicios ecosistémicos, procesos biológicos que facilitan que nosotros obtengamos alimento y agua limpia durante todo el año, por ejemplo.

En Chile, un corredor biológico funcionando como tal no existe, pues este debe ir asociado a políticas públicas. El establecimiento de un corredor biológico significa el manejo del suelo (sin químicos) y sus microorganismos, hasta el desarrollo sano de plantas y árboles que florezcan en una secuencia temporal que permita entregar recursos a otros seres vivos que dependen de ellos durante todo el año.

Pongamos un ejemplo a la vista de todos: si uno viaja en automóvil por el sector de Angostura en Chile, en el límite político entre la Región Metropolitana y la Sexta Región, tiene por un lado a la rica en biodiversidad Reserva Natural Altos de Cantillana y, por el otro, un cordón de bellos cerros que asoma su nariz en el sector, pero que se introduce hacia la Cordillera de los Andes. Por aquí circulaban de este a oeste y viceversa una gran cantidad de seres vivos, hasta que una serie de trabajos que se hicieron en el lugar, los que incluyeron edificios, desvío de aguas, depredación de los cerros con sus árboles y arbustos, relleno de suelos, interrumpieron este tránsito. Se rompió el equilibrio.

Un manejo inteligente y planificado de desarrollo debe considerar la geografía de los lugares a intervenir, considerando el tránsito seguro de fauna y flora, hasta microorganismos, entre los ecosistemas que sostienen. Es más, entre otros múltiples factores, las políticas públicas para el establecimiento de corredores biológicos deben manejar y prohibir en su perímetro, por ejemplo, el tránsito y presencia de ganado, perros y gatos domésticos, los que al ser ajenos a estos ecosistemas, causan daños irreparables, depredando otras especies y transmitiendoles enfermedades también, enfermedades que no estarían presentes en el lugar si no fuese por descuido o ignorancia de sus propios dueños.

Las consecuencias en la fauna, por intervención de los espacios donde circulan, son dramáticas:

Un ecosistema sano y, por ende, un corredor biológico sano, es un refugio para seres vivos y tiene sus propios controladores, así como está compuesto esencialmente por flora y fauna nativa, el que al estar establecido generalmente cerca de predios agrícolas, transfiere sus servicios de polinización y control biológico, por ejemplo, para nuestro beneficio, aumentando producción y calibre de las cosechas.

Estas consideraciones se vuelven aún más importantes si pensamos, por ejemplo, en las empresas forestales, las que abarcan grandes extensiones de terreno y son muy bajas en biodiversidad por consecuencia del manejo y maximización de sus monocultivos, deteriorando los suelos y cortando el tránsito de muchos seres vivos, por aire y por tierra.

Para la creación de un corredor biológico o ecoducto no es necesario imaginar grandes extensiones de terreno. Es más, para la eficacia de una buena planificación puede considerarse un ancho como mínimo de 15 metros, estableciendo los límites naturales a través de rocas, árboles, arbustos y herbáceas nativos, por ejemplo, y con acceso a abrevaderos o cuerpos de agua derechamente. Este espacio, apartado del tránsito e influencia humana, permitirá la comunicación entre seres vivos como los mamíferos, a través de sus huellas de olor, generando las condiciones para traslados seguros.

Ecoducto en Noordzijde, Países Bajos. Foto: Wikimedia bajo licencia Creative Commons.

También es importante dejar espacios como roqueríos que sirvan de refugio a insectos, aves y a especies más grandes, para no dar ventajas a ciertos organismos sobre otros al momento de cazar por su subsistencia. Por último, lo ideal es que un corredor biológico empalme con quebradas, cordones montañosos y otros hitos geográficos que nutran y permitan el traslado de especies entre distintos lugares para asegurar la estabilidad de los ecosistemas naturales.